viernes, 15 de abril de 2016

pequeña gran revolución



"Que con tus pasos marcas un nuevo rumbo 
en dirección a nuevas montañas que parecen menos altas 
con cada palabra que nace en tu garganta, 
pequeña gran revolución."


Me pregunto si es posible que nos enamoremos reiteradamente hasta que la vida nos diga basta. Tú de mí y yo de ti. Reiteradamente, recíprocamente, iterativamente, imperfectivamente... (y todos los adverbios metalingüísticos que se te ocurran). Hago conjuros para que así sea. Que sea así, que así sea. La confianza, el sol en la cara, la alegría: no querer morir. Ser en ti y que seas conmigo. Sé que no sería yo sin mis cicatrices, que no habría podido llegar hasta ti sin todas las heridas y los dolores viejos -y también con los buenos momentos-; sé que sin fantasmas no sería lo que soy, pero borraría todas las nubes negras sólo por recuperar la bendita inocencia del kamikaze que se ríe de los monstruos de la razón. Que se vayan a la mierda ellos y toda la filosofía barata sobre el amor y la felicidad. A la mierda. Queimportaelquédirán, si lo que quiero es ser cometa y hambre y red y risa y vuelo y sueño. Darte la mano y tener toda la fe del mundo en que existen las cosas bonitas y es posible vivirlas. Porque lo único que vale en el fondo, lo único a lo que agarrarse y en lo que creer, es algo tan simple como respirarnos y sentirnos, coincidir en esta encrucijada y querer enredar pasos hasta el fin de los caminos, querer estar contigo porsisevalaluz. Sentirte norte, faro, vida. Sentirte, y no querer morir. Simple y sencillo, pero sublime. La más grande de todas las pequeñas revoluciones.  

lunes, 4 de abril de 2016

mi vocación de infinito


Contaré hasta tres, y si en ese momento no hemos parado nada nos va a detener. Uno, dos…

Pensarte y la calma. La media sonrisa, los labios mordidos. Los nervios. Las ganas de saltar más allá de todas las redes. El hambre de abismo, de recorrer todas las ciudades bajo todas las tormentas. Sin paraguas, sin prudencia: sólo con el impulso de alcanzar el horizonte y ver lo que hay detrás del mar. Mirarte y creer en todo lo que ya pensé que no existía ‒ni existiría‒. Que llevas todos los imposibles escritos en los ojos y me pierdes. Pero qué más da, si fue sentirte cerca y entender que la deriva no es desierto sino el mapa mudo capaz de abarcar la inmensidad de los destinos soñados. Y es que me crecen como enredaderas los nortes y los sueños y hasta me sorprendo inventando dioses a quienes rezar ojalás: ojalá tú dentro de mi cuadro, tú en una azotea llena de geranios y olor a madreselva, la playa a lo lejos, vino, la noche, una hamaca, tu cuerpo. Tú invocada junto a adverbios impronunciables. Qué miedo, joder. Pero que la vida sea esto: sentir su latir y tu aleteo recorriendo las venas. El temblor por todo el cuerpo, tu voz susurro en la piel. Que la vida sea esto: no saber si gritar o llorar o volar o estallar de algoquenisiquieratienepalabras. Que sea esto la vida, y tú y yo la brigada que le dé la vuelta al mundo. Un, dos… Te quiero mi vértigo y mi ilusión. Mi vocación de infinito.